En las lágrimas que derramo esa noche gélida pude ver el horror de las noches pasadas. El odio flotó luego de permanecer atrapado bajo los torrentes de la eternidad. Sintiendo, al fin, el peso de sus actos, soltó una risa nerviosa que la condujo a el vaso más cercano que contuviese unas gotas de alcohol.
Luego, silencio. Un suave latido la despertó del ensueño maligno en el cuál la dominaba esa sensación de persecución constante. No se detenía, nunca podría detener la bola de nieve del pasado y eso, era lo más aterrador de toda la situación. No había marcha atrás, no esta vez.
No supo encontrar respuestas a lo innombrable, de eso a la cuál no podía escapar en sus momentos solitarios, pero al estar en compañía sabía muy bien como utilizar sus cartas y dar su mejor cara de nada. Pues sí, era una maestra del Poker, que bello juego aquel, y sus posturas físicas, las cuales siempre despistaban a los más experimentados hombres del Poker.
Nadie, jamás, se le había resistido, y eso estaba evidenciado muy a la vista en su belleza y tenacidad. Se sentía en su perfume la capacidad de dominación que ejercía sobre los hombres y eso era lo que la había elevado a tan alto grado de riqueza. Pero ya el ser materialista no la satisfacía, había algo perdido, que no comprendía, que no lograba cuadrar en su mente llena de ingenios y talentos. Mujer inteligente que no podía hallar la solución a un pesar tan poco vanidoso para ella: el amor.

Lo que más dolía no era todo lo vivido, sino el hecho de no encontrarse en ningún lugar, sino que se veía en todo lo demás.
Llego, y se perdió. No supo como proseguir, pero siguió siendo lo que era. Lo que le encomendaban, y se puso en su mejor vestido festivo y salio a las recondidas calles londinenses. Busco a su víctima, la sedujo, y esa noche siento deseos de no parar, siento como las sensaciones la dominaban y no quiso cumplir con su objetivo.
Toda la noche, tarde en la noche, finalizando la noche, pensando en la noche, alimentando a la noche, sintiendo la noche fue como pudo llegar a un acuerdo común para con su alma y su oficio.
No supo de donde saco tanto coraje, nunca pudo entender el porque de ese hombre, ni el porque de ese momento. Le quería, derramo lágrimas, se ahogo en sus propias penas, y se lamento mil y unas veces más. Nada se podía hacer, todo estaba arreglado. El destino debía seguir su curso, pero en esa tormenta fue donde se perdió y ya no supo ni quiso caminar bajo la tempestad, sino que quiso perderse en ella. Decisión.
Culpable. Era responsable de haberse encariñado con una de sus víctimas. Pensó, razonó y concluyó.
Las cosas que optamos por hacer, siempre hacen pagar a justos por pecadores o inversa. Nadie sale ileso de nada, siempre los daños se conservan. Por su lado, ella, iba a tener que convivir con ello.
Llegaba el amanecer, lo miró, lo disfrutó, y lo dejo dormir plácidamente. Al azomar el primer rayo, lo beso suavemente derramando una lágrima que rápidamente seco. Dejando instrucciones a seguir, y una pequeña nota que decía:
"Querer más que mil palabras, que siempre leas mis labios.
Reinventarme y sentir algo como lo que vos sentiste
Y que, al final de cuentas, también llegue a sentir.
Eternamente agradecida.
Por el querer, no te condené con el final de tus días.
Hasta que el sol se vuelva a poner para ambos."
Lloviendo, se siente como las penas se amortiguan con el tiempo.
Cada gota es una tristeza derramada.
Sonia, mirando el eco de mis historias.